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EL EVANGELIO DE HOLLYWOOD


Desde el cine mudo de comienzos del siglo XIX hasta las pelĂ­culas multimillonarias de los grandes directores actuales, el cine ha capturado la cultura y los sentimientos de la sociedad que los origina. En el breve espacio de unas dos horas, se presenta una historia resumida con un tremendo poder visual, auditivo y hasta psicolĂłgico. El espectador queda sujeto a las imágenes, el diálogo y una cinta musical que lo sumergen casi totalmente en un mundo creado por el director, los tĂ©cnicos y los actores. 

Las películas alcanzan cada año a audiencias de millones de personas en múltiples países. Su presupuesto va desde varios miles de dólares a más de cien millones. La reciente Avatar, de James Cameron, costó $237.000.000 de dólares, y desde diciembre 2009 hasta fines de enero, 2010, había ganado $2.039.472.387.1

Se calcula que una persona en los Estados Unidos va al cine un promedio de cinco veces al año.2 Para saber cuántas películas ve una persona promedio habría que sumar los videos alquilados o comprados y las películas que ve en la televisión. En el caso de personas aficionadas al cine, no es nada extraño suponer que éstas ven un mínimo de dos películas por semana, unas cien al año. Esto hace del cine el medio de entretenimiento de mayor alcance, seguido de cerca por los juegos de video y superado únicamente por la televisión.

SegĂşn Ellen Summerfield, una estudiosa del impacto cultural del cine, Ă©ste nos permite “experimentar” otras culturas y aumenta nuestra capacidad para entenderlas, ayuda a desarrollar el pensamiento crĂ­tico, evoca emociones, hace que los conceptos sean visibles, desafĂ­a nuestros valores y trae a la luz mĂşltiples perspectivas. A la misma vez, el cine puede: propagar informaciĂłn equivocada, proveer experiencias superficiales, embotar nuestra capacidad de análisis, producir una recepciĂłn pasiva de un mensaje. TambiĂ©n puede desensibilizarnos, trivializar la violencia y reforzar la perspectiva de sus productores.3

El cine puede tener un impacto positivo o negativo segĂşn su contenido. Tristemente, el contenido que ofrecen las pelĂ­culas más taquilleras a menudo incluye valores bastante cuestionables. ¿Por quĂ©? Porque estos elementos resultan atractivos para el mercado que intentan alcanzar.
 
Una vida sin Dios

Pero quizá el impacto más pernicioso del cine es fomentar la idea de que se puede vivir sin referencia a la religiĂłn o a la existencia misma de Dios al presentar personajes y tramas que muy rara vez presentan el papel de la espiritualidad en la vida humana. Las pelĂ­culas de Hollywood en efecto contienen su propio “evangelio” que promulga una vida secular, la tolerancia de conductas inmorales, el sexo entre adultos que consienten (ya sea heterosexual u homosexual), la violencia justificada contra los villanos y la religiĂłn como agencia de persecuciĂłn o fuente de fanatismo. Con una perspectiva tal, no es de extrañar que Hollywood rara vez presente figuras religiosas o cristianas como protagonistas.

¿Impulsa el cine estos valores o simplemente los refleja? En realidad, no importa. El hecho es que los presenta con bastante frecuencia. Y esto hace necesario que la persona seria se vea obligada a consumir sus productos con cautela. Las imágenes y escenas del cine pueden grabarse con tenacidad en la memoria y producir efectos insospechados. Un caso notable fue el de John Hinckley, quien intentĂł asesinar al presidente Reagan en 1981, obsesionado con impresionar a la joven actriz Jodie Foster, siguiendo de cerca el guiĂłn de la pelĂ­cula Taxi Driver.

Lo curioso es que varias películas religiosas o que presentan valores positivos han gozado de una extraordinaria recepción, entre éstas La pasión del Cristo, de Mel Gibson ($371 millones en taquillas), y The Blind Side (Un sueño posible), con la popular artista Sandra Bullock ($256 millones).4 A Hollywood le haría bien emplear su capacidad creativa en reflejar en su arte valores positivos. Se me ocurre pensar que la Biblia es terreno fértil para inspirar poderosas narraciones capaces de captar el interés de creyentes y no creyentes.
 

¿QuĂ© podemos hacer los creyentes?
El arte refleja la cultura de la sociedad. El cine de hoy presenta el producto de la imaginaciĂłn de hombres y mujeres de nuestros tiempos, liberados de ataduras morales y religiosas, sujetos a intereses comerciales y agendas sociales y personales. ¿QuĂ© podemos hacer los creyentes? En primer lugar, hemos de aceptar que “nuestro reino no es de este mundo”. JesĂşs no orĂł para que seamos sacados del mundo, sino para que seamos librados del mal (ver San Juan 17). Gastar nuestras energĂ­as en entablar una guerra contra Hollywood probablemente nos robe la oportunidad de cumplir nuestro cometido principal de predicar la salvaciĂłn en JesĂşs.

En segundo lugar, no tenemos por quĂ© consumir mensajes que se opongan a nuestros principios o inculquen valores cuestionables en nuestros hijos. Tomemos tiempo para seleccionar pelĂ­culas que concuerdan con nuestra visiĂłn de la vida. Tenemos el deber y la bendiciĂłn de seguir el consejo de Dios registrado por el apĂłstol Pablo en el año 63: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Que Ă©ste sea nuestro criterio al escoger lo que vemos en pantalla.

Referencias

http://www.imdb.com/title/tt0499549/
http://www.csun.edu/science/health/docs/tv&health.html
http://www.culturosity.com/articles/powerofmovies.htm
http://www.imdb.com/title/tt0878804/

Fuente: El Centinela 
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